Por Facundo de la Fuente, licenciado en Ciencia Política y maestrando en Estudios Electorales.
Las elecciones presidenciales en Brasil dejaron valiosas lecciones que pueden ser leídas desde una Argentina que tempranamente ya ha comenzado su larga campaña electoral para el 2027.
La victoria de Flávio Bolsonaro sobre el actual mandatario Lula da Silva en la primera vuelta dejó prácticamente definido el resultado del ballotage del próximo 25 de octubre: si bien la diferencia entre ambos fue de menos de dos puntos, Bolsonaro consiguió aunar la mayoría de los votos de las expresiones opositoras de “derecha” ya en esta primera instancia, por lo que es esperable que en la segunda vuelta logre también obtener el respaldo de la mayoría de los electores que han optado por terceros candidatos provenientes de ese mismo sector del espectro político-ideológico.
Con el nuevo presidente casi definido, corresponde preguntarse, entonces, que conclusiones preliminares podemos obtener de lo ocurrido en Brasil para observarlas desde Argentina.
Milei: 100% de efectividad, pero ante el desafío de mantener el liderazgo regional
En la reunión del Escudo de las Américas, el presidente estadounidense, Donald Trump, se jactó de haber conseguido que, mediante su respaldo directo, múltiples políticos de “derecha” hayan conseguido triunfos electorales en los últimos dos años en América Latina. Sin embargo, el presidente argentino, Javier Milei, puede colgarse una cucarda mayor: en 2023, cuando la mayoría de los países latinoamericanos estaban gobernados por expresiones de “centro-izquierda”, apoyó enfáticamente la candidatura de Trump quien finalmente accedería a la Casa Blanca. De allí en adelante, Milei también impulsó a varios contendientes en distintos turnos electorales y, hasta el momento, acertó siempre.
Esto mismo que describo, Milei lo hizo en la elección presidencial de Brasil en la que, activamente, apoyó a Flávio Bolsonaro y criticó con dureza al actual mandatario, Lula Da Silva. Esta situación, supone que, en el corto plazo, el triunfo del candidato del Partido Liberal (PL), pueda ser celebrado por el gobierno argentino. Sin embargo, al mismo tiempo que implica “el triunfo de uno propio” también abre un desafío fundamental para el futuro de Milei: si se confirma la victoria de Bolsonaro, esto supondrá sumar un aliado regional de mayor envergadura para Trump, lo que podría relegar a un segundo lugar de importancia a Milei en un momento en que el espaldarazo financiero estadounidense es un pilar fundamental para sostener su programa económico. Sin embargo, por el momento, esto no se ha evidenciado en la práctica: el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ratificó el respaldo al gobierno de Milei.
La derrota de Lula: un espejo en el que mirarse
La derrota de Lula da Silva también deja algunas enseñanzas para el presidente argentino. La propuesta electoral de Milei se ha basado en la ponderación positiva de los números macroeconómicos, especialmente la baja de la inflación recibida en 2023. Brasil, durante este último período de gobierno, también ha conseguido afianzar una macro consolidada. Sin embargo, a la luz de los resultados de este domingo, esto no le alcanzó para retener el mando presidencial. Incluso, fue vencido por un candidato que es el hijo menos popular de Jair Bolsonaro, quien está encarcelado desde 2025 (un guiño de la historia que seguramente también será leído positivamente por el kirchnerismo). Esto puede significar, entonces, una valiosa lección tanto para el gobierno como para la oposición de cara al 2027: se advierte un escenario en el que ha regresado la importancia del voto ideológico, donde las urgencias por resultados palpables son cada vez más pronunciadas y donde están demostrando ser cada vez más efectivas las campañas negativas sobre las propositivas.
