Por Fabián Soto, Director y Gerente General de Aerodym.
Mi participación en los orígenes de la Cámara se dio en un contexto muy concreto. En aquel momento, desde la Secretaría de Energía, se intentaba implementar una nueva norma que no contemplaba la realidad ni los tiempos de adaptación de las empresas aerosolistas locales, lo que implicaba cambios significativos para el sector. A partir de esa situación comencé a involucrarme activamente en las reuniones técnicas, que muchas veces se desarrollaban de manera informal, pero con un fuerte compromiso de todos los actores.
Con el tiempo, se fue trabajando en la redacción de una norma específica para la industria aerosolista que contemplara los requerimientos que impulsaba la Secretaría de Energía, pero también la realidad de lo que ya estaba construido y en funcionamiento en las plantas. En paralelo, y frente a distintas problemáticas comunes en la cadena, comenzó a tomar forma la idea de asociarnos entre las empresas del sector bajo el nombre de Grupo de Envasadores Argentinos (GEA). En ese marco, surgió la propuesta de conformar la primera asociación de aerosolistas, y tuve el honor de ser candidateado por José Luis Zito para asumir su presidencia, la cual decliné en favor de mi socia Margarita Borthelle, ya que consideré que por trayectoria y experiencia empresarial era más idónea.
Recuerdo en particular una anécdota que refleja el espíritu de aquellos comienzos. Durante una de las reuniones vinculadas a la nueva normativa, realizada en una confitería de una esquina de Avenida La Plata, en la Ciudad de Buenos Aires, comenté una situación ocurrida en nuestra planta. En una auditoría nos habían exigido reemplazar un alambrado que lindaba con un terreno propio por una pared de mampostería, algo que, a mi criterio, aumentaba el riesgo ante una eventual fuga de GLP.
La respuesta de los instaladores y auditores presentes fue unánime: esa exigencia era incorrecta. Ante la consulta sobre quién había realizado tal recomendación, mi respuesta fue simple y honesta: había surgido en una inspección previa realizada por un auditor presente en esa reunión.
Episodios como este pusieron en evidencia la necesidad de generar espacios de intercambio técnico, diálogo y consenso, donde el conocimiento se construyera de manera colectiva y con criterio. Ese espíritu, basado en el trabajo conjunto y la mejora continua fue, y sigue siendo, uno de los pilares que dio origen y sentido a UADA.
